Con ustedes: Mi Sancocho Mental

Sufro de vértigo, básicamente un sismo de 5,2 en la escala de Richter. Según esta escala, de 5 a 5.9 no es tan grave, pero cuando se te va el piso es más serio de lo que parece. Por supuesto, el abrupto movimiento es solo mío, los demás siguen comiendo croissants felices. También tengo un problema en el oído, tan serio que hace dos semanas pensaban operarme. El doctor lo consideró normal y yo el fin del mundo. Ahora me
apareció otra cosa, de ahí proviene el vértigo, aunque no recuerdo cómo se llama.

Todo lo médico tiene unos nombres tan complicados que al escucharlos piensas ‘hasta aquí llegué’. En especial si se te ocurre la maravillosa idea de buscar en Google tu enfermedad y ves como miles de personas murieron por ella. Al parecer mi dolencia empeora con la sal; de hecho, el otro día comí langostinos con mucha sal y antes de 24 horas se formó un tsunami dentro de mi oído.

La lista sigue. Sufro de la vista desde hace dos meses. Cuando decidí ir al oftalmólogo ‘me diagnostiqué’ operación y sufrí como buena caleña vanidosa, porque las gafas nunca han sido lo mío. El dictamen fue sencillo: leía tanto y me pegaba al computador
demasiado, debido a eso mis ojos se encontraban exhaustos, como yo. Tengo, además, fascitis plantar. Me costó seis meses aprenderme el término. Pasaría con varios masajes, imaginé, y ha empeorado. Uso plantillas de goma, no las de Tom Cruise en Entrevista con el vampiro para
quedar a la altura de Brad Pitt (papacito), pero si son esas que levantan un poco el pie. A veces olvidó ponérmelas y la fascitis se vuelve FUCK-ITIS. ¿Por qué hablarte de esto? Trabajo en desarrollo personal y ayudo a muchas mujeres a creer en ellas y en sus sueños, por eso, te lo reconozco: tengo problemas y vivo en un sancocho mental que paso a resumirte:

1) Me da pena lucir una tanga en público. Lo más decepcionante es que practico mucho ejercicio y mi celulitis es de antología. Muchos pensarán que me pinto las uñas en el gimnasio.
2) Sufro de envidia. En este aspecto puedo mencionar el hecho de haber eliminado a varias mujeres de mis redes sociales.
3) No soy suficiente, pienso muchas veces al levantarme.
4) Sufro de estrés y ansiedad aunque hago lo que amo.
5) Una vez le grité a mi esposo: “Espero que te envenenes” y acto seguido, se intoxicó con la comida.
6) Me he tirado al piso a llorar en más ocasiones de las que puedo contar.

7) Mi hermana murió ante mis ojos y nada pude hacer. Todo cuanto he hecho en mi vida busca evitar morir como ella, con la cabeza estallada.
8 ) Soy una looser. Lo vengo pensando en estos últimos cuatro años, pues llevo 5 escribiendo un libro y aún no lo termino. (Hago un paréntesis porque, aquí contigo como testigo, me comprometo a ponerle punto final a ese texto).
9) Desde que hice televisión no había ganado un solo centavo y me daba vergüenza admitirlo.
10) Soy disléxica, estoy casi segura.
11) Ya no recuerdo los nombres de tantos seminarios a donde he asistido intentando arreglar mi vida.
12) He consultado a 10 psiquiatras; al más reciente lo llamé ‘Papá Pitufo’.
13) Nunca pude volver a usar Transmilenio desde que vi como dos niños quedaron atropellados debajo de un bus. Después de la muerte de mi hermana, es la escena más traumática. Esa imagen me acompaña.
14) Soy intensa, estricta y trato de ser efectiva, por mis propias inseguridades. Mi segundo jefe me trató mal por “ineficiente”. Me prometí no darle pie a nadie más para referirse a mi como “un fraude”. De ahí vienen las ganas de hacerlo todo y ¡ya!

Estos son mis secretos. No los cuento; sin embargo, te los comparto porque todas sufrimos de un problema radical: ‘No soy lo suficientemente buena’ y eso lo evidenciamos de diversas formas…

– Ni siquiera lo intentamos y posamos de que no importa, mientras la insatisfacción crece.
– Trabajamos hasta desfallecer por un motivo: siempre tenemos algo para probar. Somos ultra
competitivas.
– Nos damos látigo por no ser como la chica de al lado, perfectamente maquillada y peinada.
– Hacemos una lista de 1555555444 actividades que ni en esta vida ni en la otra alcanzaremos…

Yo sufro de todas las anteriores, o bueno, superé la primera dándome contra el mundo. Quizá no es la mejor manera de hacer las cosas. Y aunque he trabajado en mí incansablemente, y por eso hago lo que hago, también me levanto muchas mañanas sintiéndome una looser; poniéndome más
presión de la resistible y queriendo ser perfecta en todo.
SIGAMOS…
Nos exigimos de más, nos tratamos cual trapo quemado de la cocina, nos hundimos con nuestras palabras y naufragamos en sentimientos aún no
resueltos.

Mientras escribo esto con vergüenza, decido tenerme compasión; decido honrar mi sancocho mental y las dolencias que me aquejan; al final de cuentas es mi cuerpo hablándome, pidiéndome una pausa, suplicándome escucharlo. También decido aceptar que soy perfecta con mis imperfecciones. Decido tratarme con amor y respeto. Es lo mínimo que haría por quienes amo.

No estás sola, siento como tú y el 90 por ciento de las mujeres también, incluidas las que salen en Vogue y Sports Illustrated. Tú, igual que yo, somos suficientes. Esa voz en tu cabeza que parece una avispa con cinco piñas coladas no eres tú. Siempre eres guiada por algo más grande que tú.

Creo en ti porque también creo en mí, y sea lo que sea por lo que estés atravesando en este momento, pasará. Nacimos para cosas grandes y lo que hay dentro de cada uno es poderoso, supera a cualquier factor externo. Si queremos una mejor vida, necesitamos una nueva conversación con nosotras mismas.

Continuará…

Con cariño para mí y para ti,
Francisca

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